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miércoles, 1 de mayo de 2013

"JOSÉ LUIS SAMPEDRO: EL MAESTRO AMIGO QUE NOS ENSEÑÓ A VIVIR"


Este es mi artículo publicado en el periódico "esHORA" el 9 de abril de 2013:

Homenaje al viejo más joven con voz indignada y suave 
Hay personas cuya existencia hace mejor y más bella la existencia de los demás. No puede haber satisfacción más grande que llegar al final de la propia vida, echar la vista atrás y saberse responsable, aun siquiera en una parte mínima, de la felicidad de los que te rodean; poder reconocer, en la mirada de los otros, la gratitud por haberles ayudado a afrontar su vida con mayor entereza, por haberles infundido ánimo, serenidad y esperanza para sobrellevar sus problemas. Hasta tal punto algunas personas son hábiles en esta tarea, que podría decirse que otorgan sentido al mundo con su sola presencia; su vida misma es ejemplo, testimonio palpable de un estilo de vivir en el que se fusionan de forma casi sublime lo bueno y lo bello. Un momento privilegiado en el tiempo.  

Enseñaba algo muy sencillo pero que tanto nos cuesta aprender: vivir, amar la vida sobre todas las cosas  
Ha muerto a los 96 años José Luis Sampedro, un viejo sabio de palabras jóvenes que enseñaba algo muy sencillo pero que tanto nos cuesta aprender: vivir, amar la vida sobre todas las cosas, la vida digna, la vida humana y humanizada, una vida que reúna la humanidad, bienestar y justicia suficientes para ser merecedora de tal nombre. El erudito que decía que tenemos el deber de vivir, es decir, un deber con la vida, el deber de mejorarla, de levantarnos para levantarla en nuestros brazos, de comprometernos con ella que es comprometernos con nosotros mismos y con las vidas de los que nos rodean. 
El tiempo no es oro, decía, el tiempo es vida: el tiempo no es dinero, el tiempo son vivencias, experiencia, sentimientos, ideas, lucha por la vida y movimiento, el movimiento que asusta al poder. La vida que florece, la vida que se impone, la vida que estalla y grita y piensa y siente, asusta al poder que nos prefiere callados, quietos, como muertos. 
A pesar de que él mismo repetía una y otra vez, “no hemos aprendido a vivir”, José Luis Sampedro fue un maestro. Maestro del pensamiento libre, de la palabra y de la acción, una triple combinación nada fácil de conseguir. Había en su discurso, siempre prudente, reflexivo y edificante, resonancias de la Ilustración y del mejor humanismo de todos los tiempos: la afirmación de que hay derechos irrenunciables para el ser humano y la poderosa convicción de que una vida humana digna de llamarse así, solamente es posible gracias a la libertad, la igualdad y la fraternidad. 
Hizo famosa su metáfora sobre la libertad, según la cual la libertad es como una cometa: cuando más se la sujeta, más alto vuela. Sampedro no concebía la libertad como mera ausencia de restricciones externas. La libertad de la que él hablaba es un concepto mucho más profundo, pues consiste no solamente en una posibilidad de hacer algo, sino en la efectiva capacidad para poder hacerlo. Igualmente decía que la libertad de expresión no valía nada si no había libertad de pensamiento, la cual es posible cuando la persona reflexiona y ejercita su capacidad crítica y su derecho a la rebeldía en lugar de aceptar sin resistencia los discursos prepotentes del sistema.  

Retazos de una vida 
Nacido en Barcelona el 1 de febrero de 1917, vivió toda su infancia en Tánger, Marruecos, hasta que cumplió 13 años. En la Guerra Civil, fue reclutado por el Ejército republicano y combatió en varios frentes. La guerra le había sorprendido en Santander donde había ganado en oposición una plaza de técnico de Aduanas. Acaba sus estudios de económicas en 1947 con el premio extraordinario fin de carrera e inicia una vida profesional centrada en la universidad. Mientras daba clases, trabajaba también en el Banco Exterior de España. En 1955 se convierte en catedrático de Estructura Económica por la Universidad Complutense de Madrid. Cuando el régimen franquista destituye a los catedráticos Aranguren y Tierno Galván, Sampedro piensa en dar clases en el extranjero y finalmente se va al Reino Unido donde es profesor en universidades de Salford y Liverpool. 
A su vuelta a España, pide la excedencia en la universidad y dedica ese tiempo a escribir. La gente descubrió entonces que ese novelista al que admiran era también un economista crítico con las injusticias y nada complaciente con la política económica de los gobiernos. Octubre, octubre, La sonrisa etrusca, La vieja sirena, El río que nos lleva y Real Sitio fueron algunos de sus éxitos literarios. 
En el año 2010 el Consejo de Ministros le otorgó la Orden de las Artes y las Letras de España por "su sobresaliente trayectoria literaria y por su pensamiento comprometido con los problemas de su tiempo". En 1990 fue nombrado miembro de la Real Academia Española. Un año después, pronunció el discurso de ingreso, "Desde la frontera". 
El autor de La Sonrisa Etrusca recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas en el año 2011. El 24 de mayo de 2012 fue investido Doctor Honoris Causa por la Universidad de Alcalá. El Consejo General de Colegios de Economistas de España le concedió en febrero de 2013 la Gran Cruz al Mérito en el Servicio de la Economía a Sampedro, por su tenacidad en el estudio de la realidad económica y de la realidad social. 
Todos esos reconocimientos oficiales no le impidieron en absoluto continuar con sus llamamientos, sobre todo a los jóvenes, para que no se resignaran y siguieran aceptando un sistema injusto. Por eso, fue la elección indiscutible para escribir el prólogo del libro '¡Indignaos!', del francés Stéphane Hessel.  

La suave voz de la rebeldía 
Nada le detuvo, nada le doblegó, nada le calló. Con su propia vida Sampedro mostró que el humanismo no es una simple posibilidad teórica, sino ante todo una práctica: la de la benevolencia, la generosidad, la honradez, y la prudencia. El humanismo es la actitud de todos aquellos que están convencidos de que la justicia es un valor que podemos empezar a poner en práctica aquí y ahora, ya mismo, en nuestro día a día, en nuestro quehacer cotidiano, sin necesidad de invocar para ello grandes discursos, sino simplemente haciendo valer la importancia de las pequeñas cosas, las que constituyen la fuente más importante de la felicidad. 
Escucharle, haciendo gala de una lucidez sin igual, con su voz suave y relajante, provocaba la sensación de estar escuchando a un auténtico sabio. Persona sencilla y de talante entrañable, José Luis Sampedro huía de los protagonismos y de los autobombos y optaba por una sincera modestia y una discreción apacible que, hasta el último momento de su vida, le han acompañado como dos rasgos irrenunciables de su personalidad.

Hasta siempre maestro... hasta siempre, amigo
Con su muerte somos muchos los que nos quedamos huérfanos de alegría, de esa serena alegría que nace de la confianza en la vida propiciada por las personas íntegras. Se fue con esa eterna “Sonrisa Etrusca” grabada en su rostro, al final no puedo esquivar a ese “Río que nos lleva” a todos, y sin duda en el más allá, ya está descansando en su “Real Sitio”. Pero nos queda, por fortuna, su recuerdo, que nos sirve de inspiración y de acicate a todos los que todavía no hemos alcanzado esa meta y debemos seguir luchando sin cesar, a veces, incluso, contracorriente, para poder vivir nuestras vidas dignamente y pensando con libertad. Gracias, José Luis, por habernos enseñado a vivir, y a morir también. Hasta siempre, maestro… hasta siempre, amigo. 



-Mi más sincero gradecimiento al periódico "esHORA" por publicar mi artículo.

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2 comentarios:

Amie dijo...


Mi admiración y una reverencia profunda Sanpedro...

Y a ti Mamen por esta homenaje magistral a un GENIO !!

Mil besos y mil más por este post, y todo mi cariño como siempre...

Mamen dijo...

AMIE: Muchísimas gracias a ti por tu bonito comentario.

Yo sólo traté de plasmar con palabras lo que este gran maestro, genio y sabio de la vida me ha inspirado siempre... tarea difícil, no sé si lo conseguí, pero al menos lo intenté.

Besos, un fuerte abrazo y mi cariño para ti.